New York Times

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Jueves, 12 de diciembre de 1995, BC cycle

SECCION: INTERNATIONAL, página 4

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TITULAR: RUSSIA JOURNAL: LOS KRISHNAS HACEN PAN EN UNA CIUDAD DESTROZADA DE RUSIA

By MICHAEL SPECTER

GROZNY, Russia – No es difícil ver a los socorristas repartidos entre la gente desesperada de esta ciudad destruida: van en Land Cruisers con coloridas banderas volando. Usan botas de montaña de Gore-Tex, llevan teléfonos satelitales en sus mochilas, y por lo general informan a la sede en Ginebra, París o Bonn.

Excepto, por supuesto, para el equipo ubicado en el Boarding School No. 1

La mayoría se viste con pantalones bombachos de color calabaza y usan sandalias, incluso en el clima más frío. Si necesitan hacer una llamada telefónica, hacen fila como todos los demás.

Los hombres con la cabeza rasurada y las mujeres con la cabeza cubierta, cada día se levantan a las 3:30 de la mañana a cantar y orar. Realmente tienen un gran motivo por el qué orar: los intensos combates que suelen haber en su vecindario cada noche, el residuo de una campaña de la contrainsurgencia rusa, que comenzó el 11 de diciembre de 1994.

“Ellos aquí tienen una reputación como la que tiene la madre Teresa en Calcuta: No es tan complicado encontrar personas que jurarían que son santos”.

Puede que haya lugares en el mundo donde por el simple hecho de ver a un montón de Hare Krishnas, la gente daría la vuelta y echaría a correr. Pero Grozni no es uno de esos lugares.

En una ciudad llena de mentira, codicia y corrupción, los Krishnas distribuyen los bienes. Cada día, sirven más de mil comidas calientes, tantas como cualquier organización de la ciudad.

“Hagan lo que hagan, Dios les ayuda”, comentó Raisa Malocheva, de 72 años, quien estuvo todo del año pasado en Grozny, hasta cuando prácticamente la ciudad se estabilizó. “Ellos son las únicas personas que quedan en mi vida en las que puedo confiar”. Al menos dos docenas de personas que esperaban almorzar aplaudieron por lo que habían escuchado.

No había problemas en el equipo de Krishna en Grozny. No les haría ningún bien.

“Estas personas han sufrido bastante”, dice Viktor Makarov, delgado, de 31 años de edad, miembro de Krishna de San Petersburgo que ha estado viviendo en Grozny durante seis meses. “Se les ha arruinado. No necesitan que les digamos que miren el lado positivo de la situación”.

Los miembros de Krishna trabajan en una cocina improvisada con ingredientes que arrastran por la ciudad en una vieja ambulancia rusa de 10 años,  sirven sencillas comidas vegetarianas y cocinan lo que algunos consideran el mejor pan en Grozny.

“Yo sé lo que los estadounidenses a menudo piensan de nosotros”, dice Makarov. “Nos consideran como un culto molesto. Pero no lo somos. Nuestras metas son espirituales. Si la gente quiere saber más de nosotros, es maravilloso. Pero por lo general lo que la gente quiere es comida. Y esa es la razón por la que vinimos aquí”.

A diferencia de Nueva York o Chicago, o incluso Moscú, donde la mayoría de los miles de miembros de Krishna rusos residen, esta no es una ciudad en la que se sentirían cómodos deambulando por las calles tocando panderetas y danzando.

Aquí no hay templos o reuniones para comentar sobre la Sociedad Internacional para la Conciencia de Krishna. Esta es la única regla por la que los miembros de la secta deben vivir: Nadie que esté a menos de 20 kilómetros del templo debe tener hambre.

El trabajo nunca es fácil. La escuela está al oriente de la ciudad y los combates se suceden cada noche. Grozny se reduce a un lugar sin ventanas y algunas puertas en la parte que ha sido bombardeada, y es donde los doce miembros Krishna pasan casi todos los días y noches. Sólo hay electricidad suficiente para abastecer a unas cuantas bombillas de luz tenue.

“Al principio estaba en shock”, dijo Shula Vasiny, 28 años, ex banquero, que dijo que renunció a su vida de éxito cada vez mayor en San Petersburgo para encontrar algo más espiritualmente significativo.

“Me despertaba por la noche y era como si estuviera en la selva, en medio de una gran tormenta . Había relámpagos y truenos. Pero nunca llovía. Se podía ver gente disparándose. Aprendimos a permanecer agachados. Y todo el mundo se marchaba y nos dejaban solos”.

El edificio en el que trabajan es similar a los otros que están cerca: ennegrecidos, destartalados y rodeados de escombros. En el interior, los invitados se quitan rápidamente los zapatos y hacen una respiración profunda -el delicioso olor, y fuera de lugar, del pan horneado. Hay siete hornos, que sólo funcionan cuando la energía y las grandes estanterías para enfriar el pan lo permiten.

Por alguna razón, este lugar se ha convertido en la cocina “rusa”. La mayoría de los refugiados en Grozni eran rusos étnicos que no tenían adónde ir. Los Krishnas dicen que no tienen otra política que tratar de complacer a Dios y servir a quien lo solicite, pero los refugiados eran todos de San Petersburgo y la mayoría de las personas que solicitaban ayuda eran rusas.

El futuro ha comenzado a parecer sombrío para los Hare Krishna de Grozny . La administración central ha amenazado con confiscar su ambulancia. Sin ella, no podrán comprar harina. Durante meses no han oído hablar de sus dirigentes en Moscú. Un comerciante local recientemente exigió el alquiler del edificio destartalado, un hueco que utilizan para mantener a cientos de personas con vida. Y la guerra no se ha hecho más amigable.

“Todo trabajo tiene sus altibajos”, decía Makarov, cuyo optimismo a veces hacía que incluso sus compañeros rieran. “Tengo la intención de estar aquí hasta cuando Grozny sea una ciudad en la que gente quiera volver a vivir”.

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